Actualidad / Urbanismo

Obra Pública Inteligente SCEWC18

Cuatro colaboradores de dobooku asistimos al Smart City Expo World Congress que se hizo en Barcelona entre los días 13 y 15 de noviembre de 2018 con el objetivo de hallar respuestas en como los contenidos del Congreso interpelaban la Obra Pública y en consecuencia la Asociación Dobooku.

En tres días de congreso no escuchamos el término Obra Pública o Public Works, ya que el congreso era en lengua inglesa, ni una sola vez. El paradigma tecnológico actual ha transformado el término en una categorización mucho más holística, social, disruptiva y contemporánea: la Ciudad Inteligente.

El subconsciente histórico del término Obra Pública lo sigue ubicando como sinónimo de Infraestructura. Dobooku nació precisamente para deshacer este enredo y ubicar la Obra Pública a todo el espacio público donde, para más inri, ya está; y a apoderarse o tomar conciencia cultural de ello. No podemos deshumanizar las obras construidas tratándolas como meros productos mercantiles sin indagar en su relación con la sociedad que los utiliza. La Obra Pública es un término transversal e inclusivo que permite proyectar las obras en el espacio público más allá de su marco físico o de infraestructura, tangibilizando las actividades sociales que suceden en ellas e interpelando a todos los agentes implicados. Las Ciudades Inteligentes sí han incorporado esta reflexión en la columna vertebral de su discurso. Debemos aprender de ello.

Cinco temáticas articulaban las conferencias y los paneles de debate del congreso: la transformación digital, el entorno urbano, la movilidad, el gobierno y las finanzas, y la inclusión y la participación en las ciudades. Todas ellas tienen una relación evidente, directa o indirectamente, con la Obra Pública. Que no se hablara explícitamente de infraestructuras clásicas como carreteras, presas, puertos, etc. no quiere decir que no se hablara de Obra Pública. Hay que trascender esta concepción y utilizar el puente entre la Ciudad Inteligente y la Obra Pública. El puente es de ida y vuelta: los agentes implicados, los contextos, las sinergias de trabajo, los discursos y las agendas programáticas deben ser compartidas. Ni las infraestructuras clásicas deben estar ausentes de la perspectiva inteligente actual, ni estas se pueden dar por supuestas en el discurso de la Ciudad Inteligente. Sería muy interesante poder desarrollar esta reflexión en el siguiente Congreso.

Atendido este matiz de significado, no por ello menos importante, enfocamos la mirada hacia la tecnología, motor esencial del Congreso. Ciudad Inteligente es apoyarse de las nuevas tecnologías como un medio para las personas, no como un fin en sí mismo. Tecnificar el espacio construido se puede hacer y de hecho se ha hecho ya a lo largo de la historia, pero pretender que sustituya el factor humano en el espacio construido por los nuevos paradigmas tecnológicos es de ingenuos. La Ciudad se otorga el atributo de Inteligente para incluir la inversión social, el capital humano, los recursos naturales, la economía sostenible, la calidad de vida, la participación ciudadana, etc; en su razón de ser. Siguiendo esta reflexión y como curiosidad, comentar que uno de los primeros tweets registrados mediante el hashtag #dobookuToLiveIn durante el congreso fue: “Illo. Sabes que las ciudades inteligentes lo primero que necesitan es de gente inteligente”. Irónico y, porque no, inteligente comentario de un amigo gaditano después de conocer que asistíamos al congreso.

La humanización o deshumanización del espacio público es un tema histórico. Las ciudades bellas han sido aquellas que de alguna manera han sabido conjugar con estilo la mezcla de estas dualidades: orden y variedad, forma y vida, espacio y densidad, orientación y misterio, escala y tamaño, global y local; y sobretodo, son aquellas que han sabido atender intelectualmente y políticamente los diversos y subjetivos atributos estéticos. La Ciudad Inteligente no puede ser entendida como un sistema de sistemas tecnológicos deshumanizados, debe ser entendida como un hub de resiliencias compartidas donde la creatividad y la empatía social hagan de motor a la emprendeduría colaborativa entre el sector privado o de negocio, la administración pública, la sociedad civil y el sistema educativo.

En la mayoría de presentaciones del Congreso se habló, y mucho, de innovación, de creatividad, de networking y de colaboración abierta entre disciplinas para no quedarse atrás. También se utilizaron innumerables fotografías o infografías de ciudades visualmente muy cuidadas, ríos limpios, zonas verdes con vegetación abundante, edificios de cuidada arquitectura, calles llenas de vida, etc. pero en ningún caso se explicitó quién era el responsable o cómo se articulaban dichos valores estéticos o culturales. La interdisciplinariedad actual ha vaporizado el magma creativo en una atmósfera de sinergias de co-creación espectacular: arquitectura, artes audiovisuales, servicios digitales, análisis de datos, diseño industrial, herramientas informáticas, elementos artesanales, reflexiones filosóficas, etc. La autoría moderna se desdibuja hacia un único y poliédrico actor contemporáneo, la Ciudad Inteligente, quien es responsable de organizar respuestas de valor estéticas.

Hemos dado por sentados dos apriorismos importantes, que en el fondo configuran el origen de Dobooku. Por un lado, gracias a las herramientas tecnológicas se supone que el proyecto, la construcción y la mantenimiento de una Obra Pública será más fácil de diseñar, construir y gestionar; y por otro lado, dichas herramientas tecnológicas permitirán una elección más humana y agradable en beneficio de la sociedad. No obstante, la Ciudad Inteligente o los nuevos paradigmas tecnológicos no pueden dar respuestas perfectas e inmediatas. A día de hoy se pueden tener soluciones específicas en casos particulares pero la Obra Pública es extensa y tiene muchos niveles de acción difíciles de estandarizar en su totalidad; es el resultado de muchos procesos prototípicos y de múltiples agentes implicados. Lo que sí está claro es que aunque la esencia tecnológica y discursiva de las Ciudades Inteligentes tarde o temprano se implementará para democratizar estos nuevos paradigmas en respuestas, es pues obligatorio poner énfasis en el como y aquí los profesionales de la Obra Pública tienen mucho que decir.

El mundo cambia y se adapta a las necesidades del momento muy rápidamente pero del mismo modo que la comprensión de la contemporaneidad es difícil, también lo es de la Ciudad Inteligente y el de la Obra Pública. Sus riquezas culturales son extensas e inabarcables y tienen complementarias maneras de atender a necesidades sociales y a preguntas de futuro. Apuntaré dos ejemplos que pueden servir para poner perspectiva a este nuevo paradigma tecnológico.

Un ejemplo conocido es el de internet. En su momento todo el mundo tuvo acceso y gracias a tal apertura de miras el arraigo tecnológico ha sido efectivo en el día a día de las personas. Evidentemente la resonancia de rapidez en adaptación de los usuarios y de la propia tecnología no es equiparable a la Obra Pública donde su resiliencia no es tan mutable y flexible pero es un buen referente para entender el cómo.

Otro ejemplo es el de la aportación filosófica del alemán Walter Benjamin enLa obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica” escrita en 1936. A principios del siglo XX la fotografía y el cinema fueron herramientas de registro y representación de la realidad tan disruptivas que hicieron que otras disciplinas expresivas clásicas como el dibujo y la pintura tuviesen que reinventarse o, almenos, repensarse. Haciendo la analogía con la Ciudad Inteligente, hará falta reinventarla, repensarla; hará falta Obra Pública Inteligente, de calidad.

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