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Creo que voy a ponerme a construir

Hoy, 14 de noviembre de 2015, el diseñador gráfico Jean Jullien pocas horas después de los atentados en París ha colgado en twitter la imagen cabecera de este artículo combinando la silueta de la obra maestra de Gustave Eiffel con el símbolo de la paz creado en 1958 por el diseñador británico Gerald Holtom.

El 26 de octubre de 2015, en la Sala Ramón Gómez de la Serna en el Círculo de Bellas Artes de Madrid en motivo de la segunda jornada del ciclo “Los lunes al sol. Pensando en la Ingeniería de otra manera” organizado por el Colegio de Caminos de Madrid se planteó la pregunta “¿Es la Torre Eiffel una obra de Arte?

Torre Eiffel durante su construcción en 1888. Referencia.

Torre Eiffel durante su construcción en 1888. Referencia.

El 6 de noviembre de 2015 encontré y compartí con mis amigos esta bonita cita de Marguerite Yourcenar. “No puede construirse una felicidad sino sobre los cimientos de una desesperación. Creo que voy a ponerme a construir.”

La Médiathéque Marguerite Yourcenar diseñada por Babel Architecture . Fotografía de Luc Boegly en Actuarchi.

La Médiathéque Marguerite Yourcenar diseñada por Babel Architecture. Fotografía de Luc Boegly en Actuarchi.

Hoy, 14 de noviembre de 2015, después de lo ocurrido en París esta pasada noche sabemos muy bien lo que significan dicha pregunta y dicha cita. La Torre Eiffel nos une, nos simboliza todo lo que queremos ser y todo lo que rechazamos. Un construcción como símbolo universal de paz. 

En boca de Roland Barthes, “Para satisfacer esta gran función soñadora que hace de ella una especie de monumento total, es preciso que la Torre se escape de la razón. La primera condición de esta huida victoriosa es que la Torre sea un monumento plenamente inútil. La inutilidad de la Torre siempre se ha percibido oscuramente como un escándalo, es decir, como una verdad, valiosa e inconfesable. Antes incluso de que se construyera, se le reprochaba que fuese inútil, lo cual se pensaba que bastaba para condenarla; no pertenecía al espíritu de una época de ordinario consagrada a la racionalidad y al empirismo de las grandes empresas burguesas el soportar la idea de un objeto inútil (a menos que fueses declarativamente un objeto de arte, lo cual tampoco se podía pensar de la Torre); también Gustave Eiffel, en la defensa que él mismo hace de su proyecto en respuesta a la Protesta de los artistas, enumera cuidadosamente todos los usos futuros de la Torre: todos son, como se puede esperar de parte de un ingeniero, usos científicos: medidas aerodinámicas, estudios sobre la resistencia de los materiales, fisiología del escalador, investigaciones de radioelectricidad, problemas de telecomunicaciones, observaciones meteorológicas, etc. En estas utilidades son sin duda indiscutibles, pero parecen irrisorias al lado del mito formidable de la Torre, del sentido humano que ha tomado en el mundo entero. Y es que en este caso las razones utilitarias, por mucho que el mito de la Ciencia las ennoblezca, no son nada en comparación con la gran función imaginaria, que a los hombres les sirve para ser propiamente humanos. Sin embargo, como siempre, el sentido gratuito de la obra no se declara nunca directamente: se racionaliza con el uso: Eiffel veía su Torre como un objeto serio, razonable, útil; los hombres se lo devuelven como un gran sueño barroco que alcanza naturalmente los límites de lo irracional.” [1]

Me gustaría dar las gracias a la utilidad del Arte, a las construcciones inútiles y a todas las personas que ayudan a construir complicidades de paz.

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Referencia
[1] BARTHES, R. La Torre Eiffel: textos sobre la Imagen. Editorial Paidós, 2001.

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