Educación

La enseñanza de proyectos: una oportunidad para mejorar las capacidades de los alumnos para liderar procesos de diseño

Nota editorial:
Éste artículo es el octavo de la serie: Reflexiones sobre el futuro de la enseñanza de la ingeniería. Y continuación de: El proyecto: objetivo central del oficio del ingeniero.

La enseñanza de proyectos debería ser una oportunidad para ensayar un nuevo tipo de modelo donde la figura del proyecto se volviera a poner en valor, no sólo en la Escuela sino en el mundo profesional. Este modelo debería:

  • Fomentar en los estudiantes la creatividad y la innovación.
  • Enseñar el porqué de las infraestructuras, como planificarlas y evaluarlas.
  • Formarlos en el oficio de diseñar.
  • Alentar el liderazgo y el carácter emprendedor.
  • Incentivar la relación de la Universidad con los colegios profesionales y las empresas.

En primer lugar se deberían definir los objetivos académicos —conocimientos, habilidades y actitudes— que queremos que los estudiantes aprendan a través de la enseñanza de proyectos. Esta tarea debería estar liderada por la profesión —representada por los colegios profesionales, las asociaciones de ingenieros e ingenieros de destacado prestigio—y debería servir de base para la definición de los contenidos y metodologías de las asignaturas de diseño.

Se debería establecer una clara separación entre la formación del oficio de proyectar y la enseñanza de los aspectos formales, desde el punto de vista administrativo, del documento proyecto. Esta segunda se podría hacer con una sola asignatura cuatrimestral. En cambio la formación en el diseño se debería hacer a lo largo de toda la carrera, desde los primeros cursos. Si con los nuevos planes de estudios esto ahora ya no fuera posible, por lo menos debería empezarse lo antes posible. Hay que tener muy claro que haciendo un solo proyecto al final de los estudios no se puede aprender el oficio de diseñar. Tal como he apuntado antes, es necesario hacerlo de una forma progresiva, concibiendo proyectos de una dificultad creciente bajo la tutela de profesores expertos en el oficio. Si además éstos están bien coordinados con el resto de profesores que imparten las asignaturas de carácter más teórico, se pueden conseguir sinergias interesantes. Bien hecho, incluso muchos de los ejercicios académicos de las materias teóricas pueden surgir de los propios proyectos y de esta manera los alumnos pueden asimilar con mayor facilidad los conocimientos que van adquiriendo.

Xavier Font 09

El nivel de detalle de los proyectos académicos está limitado por la lógica disponibilidad de tiempo de los alumnos. Hacer un buen proyecto constructivo —es decir, un documento que cumpla las tres principales funciones que éste tiene: dar información suficiente a los organismos responsables de aprobarlo administrativamente, servir de base contractual entre el cliente y el licitador, y ser un manual de instrucciones claras y concisas para que el contratista pueda ejecutar la obra— exige muchos más recursos en horas de personal que los establecidos por los créditos académicos fijados por los planes de estudios. Por eso, todo el mundo debería tener claro que académicamente sólo se puede aspirar a que los alumnos hagan un buen proyecto básico o anteproyecto, donde las cuestiones generales estén bien resueltas y también los detalles constructivos claves. Las correcciones de estos proyectos deberían centrarse en el proceso de diseño y el acierto de las propuestas presentadas y no en las formalidades administrativas, que ya habrían sido evaluadas en la asignatura correspondiente.

Una solución a la falta de tutores con experiencia práctica suficiente para desarrollar de una forma competente su tarea podría ser que los proyectos académicos se hicieran en grupo —de dos o tres alumnos, no más—. De esta manera, se aprovecharían más los recursos humanos disponibles y además es fomentaría el trabajo en equipo, más de acuerdo con la práctica real de la profesión. Otro recurso, académicamente muy eficiente, sería que el seguimiento los proyectos se hiciera con correcciones colectivas, donde los alumnos tuvieran la oportunidad de aprender de las observaciones hechas por el tutor a las propuestas de los otros compañeros.

En la vida real los ingenieros no elegimos las situaciones conflictivas en las que tenemos que hacer frente, sino que nos vienen propuestas. Igual se debería hacer con los proyectos académicos; estos deberían ser propuestos por los profesores de proyectos. De esta manera se podría dirigir mejor la formación de los alumnos y se evitaría que los alumnos acaben presentando trabajos facilitados desde despachos profesionales en los cuales la aportación del estudiante en el proceso de diseño ha sido mínima.

Nota editorial:
Éste es el octavo de una serie de artículos que forman un conjunto:

  1. Reflexiones sobre el futuro de la enseñanza de la ingeniería.
  2. La enseñanza de la ingeniería ¿Cómo hemos llegado donde estamos?
  3. La enseñanza de la ingeniería ¿Dónde estamos realmente?
  4. La enseñanza de la ingeniería ¿Por qué estamos donde estamos?
  5. La enseñanza de la ingeniería ¿Hacia dónde vamos si no hacemos nuevos planteamientos?
  6. El diseño en las escuelas de ingeniería.
  7. El proyecto: objetivo central del oficio del ingeniero.
  8. La enseñanza de proyectos: una oportunidad para mejorar las capacidades de los alumnos para liderar procesos de diseño.
  9. Reflexiones sobre la formación de la ingeniería y el futuro de la enseñanza. Para terminar.
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